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La última noche

Es la última noche de Teodora en Bizancio. La ciudad se abrió como un fruto maduro para ofrecerle algunas maravillas escondidas.
No fue el encuentro poético por excelencia (no es Praga ni Nueva York ni Budapest ni Reykjavik ni París). Pero sus ojos estaban fascinados mientras se perdía en la ciudad Vieja, y esa vista del Bósforo al caer la tarde.
La torre de Leandro fue lo que más se asemeja a un encuentro poético, junto con los pórticos abandonados. Increíblemente desolados.

Adiós Bizancio, dice Teodora ya casi en el exilio. Ya casi dejando caer su máscara.

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